Todo lo que necesitas saber sobre exorcismos y cómo hacerlos (Parte 3)

Hace un par de noches me puse a mirar la película La Monja (2018) dirigida por Corin Hardy.  Necesitaba impregnarme de la atmósfera sacrílega y oscura del convento donde ocurre la acción, y por qué no, quería sentir miedo a lo sobrenatural —sí, soy masoquista en este sentido, lo admito.

La Monja pelicula terror

La ambientación ayuda a crear el miedo. Fotograma de la película La Monja. Imagen de la página web losinterrogantes.com

En la película está representado el mal absoluto en la figura del demonio Valak, que toma la forma de una monja para aterrorizar el convento.  La historia encierra una de las formas más perniciosas del mal: lo demoníaco.  Yo como simple espectadora experimenté una angustia tremenda por el ambiente opresivo, lleno de sombras que se movían.  Las posesiones y los exorcismos eran los otros motivos de mi interés en la película.

Valak aparece mencionado en La llave menor de Salomón como un gran príncipe de los infiernos, junto con otros 72 demonios.  También está en el Diccionario infernal de Collin de Plancy.

Si te atreves a ver la película —te recomiendo que no lo hagas de noche como lo hice yo, si eres muy impresionable—, te darás cuenta de que el director juega con los miedos psicológicos y con la psicología del mal.

pelicula La Monja

Este plano me impactó. El lugar es siniestro. Fotograma de La Monja, imagen tomada de filmfilicos.com

¿Pero de dónde viene el mal con exactitud?  ¿Del Diablo?  ¿Participamos de forma activa, a nivel psicológico, en el mal?  ¿El mal posee muchas caras o solo existe la maldad humana, creada por nosotros?

En esta nueva entrada de El Tren de lo Paranormal, te invito a profundizar en el concepto del mal, a través de la psicología.  En un post anterior te mencioné el título del libro en el cual baso mis investigaciones, no solo para este artículo del blog sino también para mi novela de terror paranormal.

Se trata de Anger, madness and the daimonic: The paradoxical power of rage in violence, evil and creativity, de Stephen A. Diamond.

La psicología del mal: violencia sin sentido

Mientras veía La Monja ocurrió algo que a mi madre y a mí nos sobresaltó: el ordenador se apagó, las luces parpadearon y sentimos las voz de mi pequeño hijo que me llamada desde la habitación.  Salimos corriendo las dos con una urgencia inexplicable.  Mi niño tenía los ojos abiertos y con una expresión muy extraña, que no nos gustó.  ¡Estaba dormido!

El Padre Burke en La Monja

El Padre Burke es como un detective paranormal. Él va donde la Iglesia no se atreve a llegar. Fotograma de La Monja, imagen tomada de losinterrogantes.com

Tengo que admitir que no practico la fe aunque soy cristiana.  Hace años que no piso una iglesia y es posible que si pongo un pie en ella termine ardiendo por mis pecados.  Pero en aquel momento recé.  Le pedí al ángel guardián de mi hijo que lo protegiera y lo acompañara en sus sueños.  De inmediato se calmó y cerró los ojos, para seguir durmiendo, esta vez, plácidamente.

Decidí que aquella noche había tenido ya bastante de películas de posesiones y de demonios, y me acosté a dormir al lado de mi hijo.  Tal vez pienses que estoy sugestionada por todo lo que estoy investigando para mi novela.  Es posible.  Pero te aseguro que hay cosas que no entendemos y que están allí, esperando a saltar a la menor oportunidad.

El mal siempre ha existido como una realidad ineludible para el ser humano.   En casi todas las culturas ha existido una palabra para definirlo y un reconocimiento universal de su presencia arquetípica de algo que atrae calamidades, angustias, sufrimiento y dolor.  La psicología del mal está asociada a la ira y la violencia.

Pero hoy día ocurre una especie de rechazo cuando hablas del mal porque mucha gente todavía lo relaciona con un concepto religioso y teológico, basado en la moral y la ética, valores que «están pasados de moda».

psicologia del mal

Aunque pienses que el mal es relativo, no puedes negar su existencia.

Diamond recoge en su libro los pensamientos de otros autores al respecto.  Uno de ellos, de la corriente de Jung, dice algo que es totalmente lógico: el mal es algo del ser humano, ningún animal sabe nada al respecto, y en todas las comunidades humanas existe y es importante.

Para la mayoría de los psicólogos es complicado definir el mal porque en la actualidad está «contaminado» por la religión.  Cuando en tu día a día usas la palabra mal no necesariamente tiene que estar ligada al pecado o al crimen.  Más bien, está asociada al dolor o al daño que sufre una persona, a la destrucción social en una forma tan elevada que te ves en la obligación de usar la palabra mal, con toda la carga que conlleva, como sinónimo de la violencia sin sentido.

Para que te hagas una idea de las muchas maneras en las que el mal se manifiesta, en un nivel más sutil, Diamond señala que también es la pérdida de libertad, la inhibición del crecimiento personal, la destrucción o limitación de las potencialidades innatas, así como el deterioro de la personalidad y la disminución de la calidad en las relaciones interpersonales.

El mal como arquetipo

Ya te has dado cuenta de que el mal existe en todos lados y es algo indiscutible.  Lo encuentras en el día a día en múltiples formas: catástrofes cósmicas, sobrenaturales, transpersonales o naturales como los terremotos, inundaciones, sequías, grandes hambrunas, tornados, huracanes, incendios, enfermedades… ¡Espero que cojo aire porque todavía hay más!  ¿Por dónde iba?  ¡Ah sí, las múltiples formas en que ves el mal todos los días!  También lo puedes ver en las muertes prematuras, en el caos y en los diversos sufrimientos innombrables en la Humanidad, que serían a nivel metafísico o existencial —un plano que las religiones del mundo siempre han intentado explicar.

Terror in the Dark v2 by Milios deviantart

El mal no es una entidad con voluntad propia. Nosotros somos capaces de hacer que el mal aparezca. “Terror in the dark v2”. Imagen de Milios, de la página web Deviantart.

A nivel existencial, el mal es algo que forma parte de tu destino como ser humano —esto me recuerda a las tragedias griegas—, y debes contar con él, quieras o no, sin volverte dramático ni darte golpes de pecho mientras recitas el mea culpa.

Pero hay otro tipo de mal más general: la maldad humana, referida a comportamientos que promueven la crueldad, la agresión, la hostilidad, el desprecio por la integridad y la dignidad de los demás, la autodestrucción, la psicopatología y la miseria humana.

Como indica Diamond: «Human evil can be perpetrated by a single individual (personal evil) or by a group, country or an entire culture (collective evil)».  El mejor ejemplo dramático para ilustrar esto sería el de las atrocidades nazis, donde el pueblo alemán estaba involucrado directa o indirectamente durante el Tercer Reich.  O, por ejemplo, el genocidio y la aniquilación de la dignidad por parte de gobiernos tiránicos como el de Venezuela o Nicaragua.

A nivel psicológico, el mal tiene caras muy feas bajo las formas de la locura, la enfermedad mental o la psicopatología.  En este último caso, es el mal en su manifestación más radical y violenta de la destrucción, y necesita estar controlado con tratamientos psicológicos.

Entonces te preguntarás, ¿tienen cura estas personas que tienden a ser agresivas, homicidas, pervertidas, adictas, etc., consigo mismas y con otras personas?  ¿Puede un profesional o un ciudadano de a pie enfrentar este tipo de mal, sin conocer su naturaleza fundamental?

el mal como arquetipo

No hay nada más aterrador que comprender que eres capaz hacer el mal porque puedes elegir hacerlo.

Walter Albrecht Lorenzini, en su trabajo El problema del mal en San Agustín, explica, siguiendo las conclusiones de San Agustín, que «El mal no es una sustancia, el mal como tal, no es nada, no existe separada del bien, es solo una privación o corrupción del bien. El mal es ausencia de bien, así como la oscuridad o las tinieblas son ausencia de la luz».  Y dice también que el mal proviene del uso incorrecto que hace el ser humano del libre albedrío.

¿Qué es el libre albedrío?  Albrecht explica que «El libre albedrío es una perfección del hombre que le hace superior a todas las demás criaturas, pues aunque peque, es mejor poder elegir hacer el mal, que hacer el bien sin poderlo elegir. Y esta facultad es un bien que le ha sido dado al hombre, y el fin de éste es el permitir que el hombre pueda vivir rectamente; el hombre sin el libre albedrío no puede vivir rectamente, por tanto no puede alcanzar la vida bienaventurada».

Es decir, que es mejor que puedas elegir actuar mal porque te da la gana y no hacer el bien de manera automática y sin pensar.  Pero voy a ir más allá del discurso maniqueo y entrar en las profundidades del mal personal y colectivo.

Para Jung la moral social no puede ser considerada como una causa del mal en sí.  Solo se vuelve negativa en el caso de que una persona se salte las normas externas de la sociedad y desate sus más bajos instintos o impulsos, usando el libre albedrío de manera patológica y perversa.  El individuo es responsable de lo que es bueno o malo para sí mismo o para los demás, más allá de las leyes o normas.

Sin un discernimiento ético que guíe nuestros pasos o comportamientos diarios, ¿qué ocurriría?  Seguramente tanto tú como yo nos convertiríamos en una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde —la dualidad entre lo bueno y lo malo a la máxima expresión.

jekyll y hyde de Robert Louis Stevenson

Dr. Jekyll y Mr. Hyde son el máximo representante de la dualidad humana entre el bien y el mal. Imagen tomada de lamenteesmaravillosa.com

Si te fijas bien, todas las religiones del mundo tienen sus propios demonios para representar el dolor, la miseria y la destrucción.  Y aunque pienses que el mal o el bien son relativos esto no implica que no existan.  Es un hecho real que no tiene una forma corpórea.  Tampoco es una entidad con voluntad propia —sí, ya sé que estás pensando en el Diablo, pero eso es otro cantar.  La nada del mal, planteada por San Agustín, no quiere decir que niegue su existencia, sino que establece lo que es el mal.  Además, hay un asunto que debes tomar en cuenta, como dice Diamond: el mal es un proceso donde el ser humano participa de forma inevitable.

Algunos psiquiatras como Scott Peck creen que el mal en el ser humano es una forma específica de enfermedad mental y que debería investigarse y tratarse con el mismo rigor científico que se trata cualquier otra enfermedad psiquiátrica importante.

Diamond explica que todas las psicopatologías son una especie de mal porque implican graves sufrimientos humanos.  «Es bueno recordar que el mal sigue siendo una potencialidad arquetípica siempre presente en cada uno de nosotros».

Voy a dejarte algunas interrogantes abiertas que trataré de responder en el siguiente post: ¿Comprendemos la naturaleza del mal o de dónde viene?  ¿Somos conscientes de que participamos en el mal?  ¿Se puede reducir el mal colectivo o individual?  La figura del Diablo, de los demonios y de lo daimónico forman parte importante de este estudio.

el mal y el individuo

El mal habita en cada uno de nosotros. ¿Serás capaz de luchar contra él o sucumbirás a sus encantos?

Haremos un breve descanso en este viaje.  Tienes tiempo de reflexionar acerca de todo esto y, si quieres, puedes plantear tus propias dudas también.  Te espero aquí en El Tren de lo Paranormal, así que no te bajes, que la ruta se pondrá cada vez más interesante.

Anuncios

Un comentario en “Todo lo que necesitas saber sobre exorcismos y cómo hacerlos (Parte 3)

  1. Pingback: Todo lo que necesitas saber sobre exorcismos y cómo hacerlos (Parte 4): Lo demoníaco, el daimón y lo daimónico | El tren de lo paranormal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s