Todo lo que necesitas saber sobre exorcismos y cómo hacerlos (Parte 4): Lo demoníaco, el daimón y lo daimónico

«El exorcismo es probablemente el prototipo primitivo de la psicoterapia moderna. La antigua práctica del exorcismo estaba, y sigue estando, anclada en la idea igualmente antigua de la demonología: el problema de la víctima se debe a los espíritus malignos invasores que han penetrado y poseído su cuerpo». 

Stephen A. Diamond.

Ayer conversaba con una amiga acerca del miedo y ella me dijo algo muy lógico: el miedo surge en nuestra propia mente y puede ser tan poderoso que te produce paranoia.  Cualquier cosa es capaz de producir sugestión, desde una película hasta un libro, y cambiar el comportamiento y hasta la manera de pensar.  La mente es capaz de crear sus propias personificaciones del mal y del miedo.

Según Rollo May —psicólogo, padre de la psicoterapia existencialista en Estados Unidos—, no estamos preparados para enfrentar al mal porque no comprendemos en realidad su verdadera naturaleza.  El individuo tiene un papel primordial en el desempeño del mal.

Ahora bien, es importante que tomes en cuenta lo siguiente: desde épocas remotas el ser humano ha personificado al mal en la figura de demonios o espíritus.  Las supersticiones forman parte de la creencia en las criaturas sobrenaturales y representan el temor al mal inminente.

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El Diablo siempre es el mejor aliado para las supersticiones. Y si ya no crees en él, no te preocupes porque él si cree en ti. Imagen de la página web elcilantroo.tumblr.com

Para comprender esto, voy a profundizar en lo que es lo demoníaco, el daimón y lo daimónico.  Te sugiero que te abroches el cinturón, porque El Tren de lo Paranormal comienza un viaje muy peligroso por la oscuridad.

Nuestros demonios

Los demonios —pobres incomprendidos— son los chivos expiatorios de los impulsos humanos más perversos como la ira, la violencia sin sentido, la culpa y la sexualidad reprimida.  Antes podías achacar al demonio todos tus miedos irracionales o tus locuras frenéticas.  Por eso el comportamiento del demonio era ambiguo, pero aterrador.

Para Stephen A. Diamond la demonología es lo más cercano a la psicopatología.  Ambos tratan de encontrar respuestas a las enfermedades mentales y a los comportamientos humanos aberrantes.

Wendy Doniger O’Fraherty —estadounidense, experta en mitología hindú— explica que la visión de los demonios como responsables del origen del mal la encuentras en el maniqueísmo, una religión originada en Persia en el siglo III d.C., fundada por Mani, y que es una síntesis de otras tradiciones religiosas: gnosticismo cristiano, dualismo mazdeo y otras corrientes paganas, pertenecientes a Jesús, Zaratustra y Buda.

dualismo monoteista

Después de cargarse las religiones paganas de múltiples dioses grandes y dioses menores, nos dejaron con la visión de un único Dios en contraposición con el Diablo.

Según José F. Durán Velasco el dualismo maniqueo está claramente influido por el dualismo mazdeo, y lo está aún más por el dualismo gnóstico cristiano «del que tomó la idea de la contraposición absoluta del bien (el espíritu) y el mal, identificado con la materia».  Así pues, el origen del mal está representado por el Príncipe de las Tinieblas —Diablo o Satanás—, que coexiste con Dios, Padre de la Luz y de la Belleza.

Aunque no lo creas, la influencia de la demonología la puedes encontrar en las culturas antiguas de los hebreos, los chinos, los egipcios y los griegos, así como también en la Europa medieval y la América colonial.

El psiquiatra y filósofo alemán Karl Jaspers definió así a la demonología: «Llamamos a la demonología una concepción que hace que el ser resida en poderes, en efectivas fuerzas constitutivas de formas constructivas y destructivas, es decir, en demonios, benevolentes y malignos, en muchos dioses; estos poderes se perciben como directamente evidentes, y las percepciones se traducen como una doctrina».

En la Edad Media los trastornos neuróticos agudos eran concebidos como una posesión demoníaca.  En este sentido, Jung describió a los demonios como intrusos del inconsciente: son los complejos del inconsciente que interrumpen el estado de conciencia  de manera continuada.  Los complejos —referidos en psicología al conjunto de sentimientos inconscientes que adquieres en tus experiencias vividas durante la infancia y que influyen sobre tu personalidad— podrían compararse a los demonios que acosan nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Antes del objetivismo científico de René Descartes, era muy común creer que el desorden emocional o la locura en determinadas personas eran obra de demonios, que en sus viajes —convertidos en criaturas aladas— poseían el cuerpo o el cerebro del paciente que ya no tenía voluntad sobre sus actos ni sus pensamientos.

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Para algunos eruditos los dioses encarnaban los talentos innatos, las tendencias positivas y negativas y las habilidades naturales. Imagen de la página web pequeocio.com

Como dato curioso, para Hipócrates, padre de la medicina moderna, era preferible afrontar la ignorancia que caer en el escape de la superstición.  Se negaba a aceptar la idea de que las enfermedades eran causadas por dioses o demonios.  Y atacaba a todo aquel que usara exorcismos, rituales y amuletos como terapias para curar enfermedades.  Creía que las enfermedades no eran fenómenos inexplicables o extraños que actuaban de forma desordenada, sino que eran una serie de eventos concatenados regidos por leyes que el ser humano podía conocer, donde cada efecto tiene una causa que se rige por leyes universales, comprensibles por la razón.

Lo cierto del caso es que en la antigua Grecia «el período de los dioses personales estaba precedido por el de una creencia en el demonio o animismo: cada aparición y experiencia en la vida humana se atribuía a la agencia de un demonio.  Pero estos demonios, al principio, no se imaginaban como seres personales, sino como fuerzas abstractas en el género neutro» (Death, Fate and the Gods de Bernard Dietrich).Estos seres extraordinarios y maravillosos tienen un nombre específico en la antigua Grecia, un nombre arcaico, con el que Hesíodo, Homero, Empédocles o Platón los llamaban: daimon.

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“Dáimôn fue la idea griega de “poder”, que fue desplazada por el antropomorfismo, vigorosamente desarrollado, que también transformó “los poderes”. Los griegos llamaron dáimones a los últimos, pero, en gran parte, los dáimones resultaron personales, antropomórficos; además, la palabra dáimôn puede indicar a algunos de los grandes dioses griegos” Jorge Lynch. Imagen de la página web pequeocio.com

Lo daimónico: dos caras de una misma moneda 

La primera vez que escuché la raíz de esta palabra fue en la novela La brújula dorada de la trilogía La materia oscura, de Philip Pullman: daimonion.  «La palabra usada en la versión inglesa de los libros es dæmon, que es una referencia directa de la mitología griega, donde el dæmon (Δαίμων) es un término utilizado para referirse a diferentes realidades que comparten los rasgos fundamentales de lo que en otras tradiciones se denominan ángeles y demonios» (Wikipedia, La enciclopedia libre).

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La brújula dorada es una novela de fantasía que debes leer. Imagen de Java Wombat Wen, tomada de la página web deviantart

Me impresionó cómo las almas de los seres humanos habitaban fuera de sus cuerpos bajo la forma de un daimonion o animal que acompañaba a su dueño hasta la muerte.  El daimonion en un niño podía cambiar de forma, mientras que en el adulto, se quedaba con la forma del animal con el que más se identificaba.  Yo los percibí como espíritus familiares que protegían a sus dueños.  Te recomiendo que leas la trilogía y pases por alto la versión cinematográfica del primer libro —es realmente mala, tanto que no hicieron la continuación.

Los dáimones eran los agentes mediadores entre los hombres y los dioses, buenos y malos.  Es decir, que establecían una conexión entre ellos.  Más tarde el Cristianismo trataría injustamente a los dáimones demonios.  Como explica Patrick Harpur en Realidad Daimónica, el mito y el folclore están plagados de esto seres.  «Los dáimones eran esenciales para la tradición de la filosofía gnóstico-hermético-neoplatonica, que era más como una psicología (en el sentido junguiano) o una disciplina mística que como los ejercicios de lógica en que se convirtió la filosofía».

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Los daimonion minoicos y miscénicos fueron vistos como sirvientes de las deidades y fueron representados mitad hombres y mitad animales como el Minotauro. Imagen de la página web unmitocorto.com

No son del todo divinos ni del todo humanos, tampoco espirituales ni físicos sino ambas cosas; ni externos ni internos, sino ambos.  Son seres paradójicos: buenos y malos, benéficos y temibles, guías y censores, protectores y exasperantes.  Los griegos comprendieron que los dáimones podían ser psicológicos y les atribuían «esos impulsos irracionales que se alzan en un hombre contra su voluntad para tentarlo, como la esperanza o el miedo».  La actividad daimónica es más fácil de percibir en los comportamientos violentos, irracionales y obsesivos.

Lo que ocurre es que no todos los dáimones son amables o protectores.  Hay algunos que pueden ser brutales e infrahumanos, poco comunicativos e impersonales.  Tal vez aparezcan de una manera muy aterradora porque no puedes establecer ninguna relación personal con ellos.   Las religiones politeístas tienen muchísimos dáimones que son mediadores entre los dioses y los hombres.  En cambio, las religiones monoteístas no toleran a los dáimones.  En el caso del Cristianismo, deben ser eliminados ya que solo puede haber un único mediador entre Dios Único y la Humanidad: Jesucristo.

Angel de la guarda

Los ángeles de la guarda también eran considerados dáimones propios o custodios. Imagen de la página web 1bp.blogspot.com

Stephen A. Diamond recoge en su libro el concepto de daimón que usa Rollo May, para quien lo daimónico «es cualquier función natural que tiene el poder de dominar a toda la persona. El sexo y el erotismo, el enojo y la ira, y el hambre de poder son algunos ejemplos. Lo daimónico puede ser tanto creativo como destructivo, y normalmente es ambos. Cuando el poder se desequilibra, y uno de los elementos toma control sobre la totalidad de la personalidad, tenemos una “posesión daimónica”, el nombre tradicional que a lo largo de la historia se le ha dado a la psicosis. Obviamente, lo daimónico no es un ente, sino que se refiere a una función fundamental y arquetípica de la experiencia humana —una realidad existencial».

May le da un giro de tuerca a la idea griega y crea su propio modelo de lo daimónico, donde añade que la violencia no es otra cosa que lo daimónico que ha salido mal o que está fuera de control.  Y aquí es donde entra la «posesión demoníaca» en su forma más notoria e indiscutible.  ¿Recuerdas el post donde te explicaba la psicología del mal y la violencia sin sentido?  Pues aquí lo daimónico fuera de control sería la violencia sin sentido.

Puck by Matt Mulvey

El pícaro Puck de “Sueño de una noche de verano” de Shakespeare representa a un daimón del tipo feérico. Imagen de Matt Mulvey de la página web advancedphotos.co.uk

Todas estas criaturas intermedias entre los hombres y los dioses —pertenecientes a culturas paganas— quedaron relegadas a un segundo plano y fueron estigmatizadas por las religiones monoteístas, demonizadas al servicio de Satán o Diábolos.  El complejo reino daimónico —de seres  mitológicos que habitaban en el aire y en la tierra— quedó eclipsado y subyugado por el reino de los ángeles cristianos, en el caso del Cristianismo; fueron considerados ángeles caídos o demoníacos, expulsados del cielo junto con Satanás.  Pactrick Harpur hace un profundo estudio acerca  de los daimónico en su magnífico libro Realidad Daimónica que te animo a leer.

Como te habrás dado cuenta, lo daimónico representa a las fuerzas naturales, impersonales y primordiales, entre lo mortal e inmortal.  El testimonio del historiador inglés Reginald Barrow en el libro Anger, Madness and the Daimonic, de Diamond, resulta bastante esclarecedor:

«los dáimones han dejado pocas muestras de sí mismos en la arquitectura y en la literatura, su importancia tiende a ser pasada por alto… Ellos son onmipresentes y todo poderosos, están unidos fuertemente en la memoria religiosa de los pueblos, pues datan de tiempos muy anteriores a los días de la religión y filosofía griegas. Los cultos de los estados griegos, reconocidos y sancionados oficialmente, eran solamente una décima parte del iceberg; las nueve partes restantes sumergidas, eran los dáimones. Ellos habitan detrás de las escrituras hebreas, a pesar de las cuidadosas revisiones interesadas en el monoteísmo, y en literatura posterior al exilio pueden encontrarse también seres sobrenaturales. El Nuevo Testamento está plagado de ello… Son los escritores cristianos, a partir de Justino, quienes lanzan a los dáimones hacia el exterior y hacen batalla con ellos; ellos no dejan duda acerca de las dimensiones del mal que combatían; y no luchaban contra sombras».

Dusk Abomination by Yury S

Por supuesto que hay dáimones terribles que más bien parecen verdaderos demonios, incontrolables y maléficos. Imagen de Yury S. de la página web postimg.cc

Origen y significado de la palabra daimon

«La idea de lo daimónico, aunque a veces se compara con lo diabólico y “demoníaco”, se usa más a menudo para indicar inspiración y motivación por una fuerza espiritual o genio. También puede significar (como un término literario) la inquietud que existe en todos nosotros que nos obliga a lo desconocido, lo que lleva a la autodestrucción y / o autodescubrimiento, o también puede significar el viaje y la transición de la inocencia a la experiencia misma» (Wikiquote).

Para la psicóloga y académica suiza junguiana Marie-Louise von Franz, la palabra daimón proviene de daiomai, que quiere decir dividir, distribuir, asignar.  También se refería a una actividad divina que se podía percibir momentáneamente como la enfermedad, la locura o el terror a un lugar determinado.

Jorge Lynch, en su trabajo «Daimón, significado y concepciones», resume que la palabra  proviene de: poder, lo divino, lo deforme, el que reparte, un dios, genio, espíritu, logoi spermatikoi.  Y para Jung, expresa «poder determinante que viene al hombre desde el exterior, como la providencia, o el destino, aunque la decisión ética depende del hombre».

snake hair by desires design

En la Antigüedad se creía en espíritus que vivían en la naturaleza, en el aire y en la tierra, que tenían raíces profundas en la fantasía popular de muchas culturas y sus mitologías. Imagen de Desires Design de la página deviantart.

Lynch realiza un excelente resumen —que copio a continuación— del significado de la palabra daimón en la religión y en la mitología griega:

1.       Dáimones se refiere en una primera acepción a las divinidades primitivas, representadas como mitad bestias y mitad humanas, devoradores de los muertos.

2.       El término se designa en segunda acepción a las almas «divinizadas» de antepasados humanos que desde su situación de perfección y bienaventuranza ejercen sobre el mundo de los hombres una función de protección.

3.       El término designa en tercer lugar a seres divinos y semidivinos, intercesores entre los dioses superiores, los hombres y mensajeros de los primeros. El Eros descrito en El Banquete de Platón seria uno de esos seres mediadores.

4.       Aparece, en pocas ocasiones, como un término análogo al teísmo con que se designa a los dioses.

5.       La idea de dáimôn recibe un concepto generalizador que la acerca a la idea de Destino, teniendo al comienzo como significado “el que reparte”.

6.       Los dáimones fueron espíritus de la condición humana: las personificaciones de estados diversos de existencia, emociones, acciones y la moralidad. Los dáimones de moralidad estaban divididos en Agathos (el Bien, las Virtudes) y Caco (el Mal, los Vicios). Dáimones de acción humana y condición fuera de modo semejante clasificado como Agathos (lo favorable, lo Bueno) o Cacos (lo perjudicial, lo Malo).

7.       Con la palabra dáimôn se designan a veces energías interiores que actúan en el hombre como lo hace el dáimôn según Sócrates, ya se le entienda como una especie de voz de la conciencia o como la sumisión a la voluntad del dios que actúa en la vida del filósofo como contrapeso de otras inclinaciones o tendencias.

8.       El dáimôn puede ser, en ocasiones, la personificación de una fuerza etónica de carácter benévolo.

9.       Los dáimones designan a veces unas fuerzas que rigen los elementos naturales y hacen que el mundo humano sea un mundo «habitado» por lo sobrenatural. En este sentido dirá Heráclito que todo está lleno de ánimas y daimones y los pitagóricos que el aire está lleno de ánimas, eso que llamamos daimones, héroes, etc.

Dualidad parte 2 by Eotet deviantart

Los viejos dáimones comenzaron a desaparecer gracias al Cristianismo y fueron separados. El mal y el bien estaban divididos del todo. Los dáimones, ahora sin su polo positivo adquirieron cualidades negativas y la identidad de demonios. Imagen de Eotet de la página web deviantart.

La degradación del daimón empezó con el significado negativo establecido en el siglo II a.C. por la traducción de la Septuaginta de la Biblia hebrea para los judíos que hablaban griego, ya que usaba el término daimonion para referirse a los espíritus malignos.

Más tarde, se dividieron en dos bandos, el bueno y el malo, gracias a la visión judeo-cristiana: los ángeles en el lado de la luz, con Dios como líder, y los demonios del lado de las tinieblas con Satanás o el Diablo como su jefe.   De esta manera, el hombre podía enfrentarse al mal y, a lo mejor, conquistar al Diablo y hacerle caer, mediante sus creencias cristiana y los rituales de exorcismo.

En el próximo viaje se te van a erizar todos los pelos del cuerpo porque vamos a entrar en materia oscura: lo daimónico versus los demoníaco y la fina frontera entre la obsesión y la posesión, para encaminarnos finalmente hacia los rituales de exorcismos como una medida terapéutica de la psique y del alma.  ¡Te espero!

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Todo lo que necesitas saber sobre exorcismos y cómo hacerlos (Parte 3)

Hace un par de noches me puse a mirar la película La Monja (2018) dirigida por Corin Hardy.  Necesitaba impregnarme de la atmósfera sacrílega y oscura del convento donde ocurre la acción, y por qué no, quería sentir miedo a lo sobrenatural —sí, soy masoquista en este sentido, lo admito.

La Monja pelicula terror

La ambientación ayuda a crear el miedo. Fotograma de la película La Monja. Imagen de la página web losinterrogantes.com

En la película está representado el mal absoluto en la figura del demonio Valak, que toma la forma de una monja para aterrorizar el convento.  La historia encierra una de las formas más perniciosas del mal: lo demoníaco.  Yo como simple espectadora experimenté una angustia tremenda por el ambiente opresivo, lleno de sombras que se movían.  Las posesiones y los exorcismos eran los otros motivos de mi interés en la película.

Valak aparece mencionado en La llave menor de Salomón como un gran príncipe de los infiernos, junto con otros 72 demonios.  También está en el Diccionario infernal de Collin de Plancy.

Si te atreves a ver la película —te recomiendo que no lo hagas de noche como lo hice yo, si eres muy impresionable—, te darás cuenta de que el director juega con los miedos psicológicos y con la psicología del mal.

pelicula La Monja

Este plano me impactó. El lugar es siniestro. Fotograma de La Monja, imagen tomada de filmfilicos.com

¿Pero de dónde viene el mal con exactitud?  ¿Del Diablo?  ¿Participamos de forma activa, a nivel psicológico, en el mal?  ¿El mal posee muchas caras o solo existe la maldad humana, creada por nosotros?

En esta nueva entrada de El Tren de lo Paranormal, te invito a profundizar en el concepto del mal, a través de la psicología.  En un post anterior te mencioné el título del libro en el cual baso mis investigaciones, no solo para este artículo del blog sino también para mi novela de terror paranormal.

Se trata de Anger, madness and the daimonic: The paradoxical power of rage in violence, evil and creativity, de Stephen A. Diamond.

La psicología del mal: violencia sin sentido

Mientras veía La Monja ocurrió algo que a mi madre y a mí nos sobresaltó: el ordenador se apagó, las luces parpadearon y sentimos las voz de mi pequeño hijo que me llamada desde la habitación.  Salimos corriendo las dos con una urgencia inexplicable.  Mi niño tenía los ojos abiertos y con una expresión muy extraña, que no nos gustó.  ¡Estaba dormido!

El Padre Burke en La Monja

El Padre Burke es como un detective paranormal. Él va donde la Iglesia no se atreve a llegar. Fotograma de La Monja, imagen tomada de losinterrogantes.com

Tengo que admitir que no practico la fe aunque soy cristiana.  Hace años que no piso una iglesia y es posible que si pongo un pie en ella termine ardiendo por mis pecados.  Pero en aquel momento recé.  Le pedí al ángel guardián de mi hijo que lo protegiera y lo acompañara en sus sueños.  De inmediato se calmó y cerró los ojos, para seguir durmiendo, esta vez, plácidamente.

Decidí que aquella noche había tenido ya bastante de películas de posesiones y de demonios, y me acosté a dormir al lado de mi hijo.  Tal vez pienses que estoy sugestionada por todo lo que estoy investigando para mi novela.  Es posible.  Pero te aseguro que hay cosas que no entendemos y que están allí, esperando a saltar a la menor oportunidad.

El mal siempre ha existido como una realidad ineludible para el ser humano.   En casi todas las culturas ha existido una palabra para definirlo y un reconocimiento universal de su presencia arquetípica de algo que atrae calamidades, angustias, sufrimiento y dolor.  La psicología del mal está asociada a la ira y la violencia.

Pero hoy día ocurre una especie de rechazo cuando hablas del mal porque mucha gente todavía lo relaciona con un concepto religioso y teológico, basado en la moral y la ética, valores que «están pasados de moda».

psicologia del mal

Aunque pienses que el mal es relativo, no puedes negar su existencia.

Diamond recoge en su libro los pensamientos de otros autores al respecto.  Uno de ellos, de la corriente de Jung, dice algo que es totalmente lógico: el mal es algo del ser humano, ningún animal sabe nada al respecto, y en todas las comunidades humanas existe y es importante.

Para la mayoría de los psicólogos es complicado definir el mal porque en la actualidad está «contaminado» por la religión.  Cuando en tu día a día usas la palabra mal no necesariamente tiene que estar ligada al pecado o al crimen.  Más bien, está asociada al dolor o al daño que sufre una persona, a la destrucción social en una forma tan elevada que te ves en la obligación de usar la palabra mal, con toda la carga que conlleva, como sinónimo de la violencia sin sentido.

Para que te hagas una idea de las muchas maneras en las que el mal se manifiesta, en un nivel más sutil, Diamond señala que también es la pérdida de libertad, la inhibición del crecimiento personal, la destrucción o limitación de las potencialidades innatas, así como el deterioro de la personalidad y la disminución de la calidad en las relaciones interpersonales.

El mal como arquetipo

Ya te has dado cuenta de que el mal existe en todos lados y es algo indiscutible.  Lo encuentras en el día a día en múltiples formas: catástrofes cósmicas, sobrenaturales, transpersonales o naturales como los terremotos, inundaciones, sequías, grandes hambrunas, tornados, huracanes, incendios, enfermedades… ¡Espero que cojo aire porque todavía hay más!  ¿Por dónde iba?  ¡Ah sí, las múltiples formas en que ves el mal todos los días!  También lo puedes ver en las muertes prematuras, en el caos y en los diversos sufrimientos innombrables en la Humanidad, que serían a nivel metafísico o existencial —un plano que las religiones del mundo siempre han intentado explicar.

Terror in the Dark v2 by Milios deviantart

El mal no es una entidad con voluntad propia. Nosotros somos capaces de hacer que el mal aparezca. “Terror in the dark v2”. Imagen de Milios, de la página web Deviantart.

A nivel existencial, el mal es algo que forma parte de tu destino como ser humano —esto me recuerda a las tragedias griegas—, y debes contar con él, quieras o no, sin volverte dramático ni darte golpes de pecho mientras recitas el mea culpa.

Pero hay otro tipo de mal más general: la maldad humana, referida a comportamientos que promueven la crueldad, la agresión, la hostilidad, el desprecio por la integridad y la dignidad de los demás, la autodestrucción, la psicopatología y la miseria humana.

Como indica Diamond: «Human evil can be perpetrated by a single individual (personal evil) or by a group, country or an entire culture (collective evil)».  El mejor ejemplo dramático para ilustrar esto sería el de las atrocidades nazis, donde el pueblo alemán estaba involucrado directa o indirectamente durante el Tercer Reich.  O, por ejemplo, el genocidio y la aniquilación de la dignidad por parte de gobiernos tiránicos como el de Venezuela o Nicaragua.

A nivel psicológico, el mal tiene caras muy feas bajo las formas de la locura, la enfermedad mental o la psicopatología.  En este último caso, es el mal en su manifestación más radical y violenta de la destrucción, y necesita estar controlado con tratamientos psicológicos.

Entonces te preguntarás, ¿tienen cura estas personas que tienden a ser agresivas, homicidas, pervertidas, adictas, etc., consigo mismas y con otras personas?  ¿Puede un profesional o un ciudadano de a pie enfrentar este tipo de mal, sin conocer su naturaleza fundamental?

el mal como arquetipo

No hay nada más aterrador que comprender que eres capaz hacer el mal porque puedes elegir hacerlo.

Walter Albrecht Lorenzini, en su trabajo El problema del mal en San Agustín, explica, siguiendo las conclusiones de San Agustín, que «El mal no es una sustancia, el mal como tal, no es nada, no existe separada del bien, es solo una privación o corrupción del bien. El mal es ausencia de bien, así como la oscuridad o las tinieblas son ausencia de la luz».  Y dice también que el mal proviene del uso incorrecto que hace el ser humano del libre albedrío.

¿Qué es el libre albedrío?  Albrecht explica que «El libre albedrío es una perfección del hombre que le hace superior a todas las demás criaturas, pues aunque peque, es mejor poder elegir hacer el mal, que hacer el bien sin poderlo elegir. Y esta facultad es un bien que le ha sido dado al hombre, y el fin de éste es el permitir que el hombre pueda vivir rectamente; el hombre sin el libre albedrío no puede vivir rectamente, por tanto no puede alcanzar la vida bienaventurada».

Es decir, que es mejor que puedas elegir actuar mal porque te da la gana y no hacer el bien de manera automática y sin pensar.  Pero voy a ir más allá del discurso maniqueo y entrar en las profundidades del mal personal y colectivo.

Para Jung la moral social no puede ser considerada como una causa del mal en sí.  Solo se vuelve negativa en el caso de que una persona se salte las normas externas de la sociedad y desate sus más bajos instintos o impulsos, usando el libre albedrío de manera patológica y perversa.  El individuo es responsable de lo que es bueno o malo para sí mismo o para los demás, más allá de las leyes o normas.

Sin un discernimiento ético que guíe nuestros pasos o comportamientos diarios, ¿qué ocurriría?  Seguramente tanto tú como yo nos convertiríamos en una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde —la dualidad entre lo bueno y lo malo a la máxima expresión.

jekyll y hyde de Robert Louis Stevenson

Dr. Jekyll y Mr. Hyde son el máximo representante de la dualidad humana entre el bien y el mal. Imagen tomada de lamenteesmaravillosa.com

Si te fijas bien, todas las religiones del mundo tienen sus propios demonios para representar el dolor, la miseria y la destrucción.  Y aunque pienses que el mal o el bien son relativos esto no implica que no existan.  Es un hecho real que no tiene una forma corpórea.  Tampoco es una entidad con voluntad propia —sí, ya sé que estás pensando en el Diablo, pero eso es otro cantar.  La nada del mal, planteada por San Agustín, no quiere decir que niegue su existencia, sino que establece lo que es el mal.  Además, hay un asunto que debes tomar en cuenta, como dice Diamond: el mal es un proceso donde el ser humano participa de forma inevitable.

Algunos psiquiatras como Scott Peck creen que el mal en el ser humano es una forma específica de enfermedad mental y que debería investigarse y tratarse con el mismo rigor científico que se trata cualquier otra enfermedad psiquiátrica importante.

Diamond explica que todas las psicopatologías son una especie de mal porque implican graves sufrimientos humanos.  «Es bueno recordar que el mal sigue siendo una potencialidad arquetípica siempre presente en cada uno de nosotros».

Voy a dejarte algunas interrogantes abiertas que trataré de responder en el siguiente post: ¿Comprendemos la naturaleza del mal o de dónde viene?  ¿Somos conscientes de que participamos en el mal?  ¿Se puede reducir el mal colectivo o individual?  La figura del Diablo, de los demonios y de lo daimónico forman parte importante de este estudio.

el mal y el individuo

El mal habita en cada uno de nosotros. ¿Serás capaz de luchar contra él o sucumbirás a sus encantos?

Haremos un breve descanso en este viaje.  Tienes tiempo de reflexionar acerca de todo esto y, si quieres, puedes plantear tus propias dudas también.  Te espero aquí en El Tren de lo Paranormal, así que no te bajes, que la ruta se pondrá cada vez más interesante.