Simpatía por el Diablo (parte III): ¿qué son los Shedim?

“I can’t escape.  Only a devil like you could make me sin like I do, I’ve got a weakness I am a fool, For a devil, For a devil like you, For a devil like you”.

Devil like you by Gareth Dunlop

Esta estrofa de la canción arriba citada pertenece a la banda sonora de la teleserie Lucifer.  Y es que no te haces idea de lo mucho que al diablo le gustas.  Es capaz de buscarte hasta debajo de las piedras si cree que tienes potencial para hacer el mal y es capaz de hacer que te sientas muy a gusto.  En este post vas a descubrir que hay demonios como los shedim que se aprovechan de tus debilidades y que crecen gracias a tu ayuda.  ¿No lo crees?  Te invito a que subas al Tren de lo Paranormal y lo veas por ti mismo.  Yo seré tu guía en este viaje y descubrirás qué son los shedim y cómo actúan.

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Imagen de la teleserie Lucifer (virginmediastore.com)

¿Qué son los Shedim de la tradición judía?

Hace poco vi una película producida por Alex de la Iglesia y dirigida por Paul Urkijo Alijo que me sorprendió: Errementari: el herrero y el diablo.  Está basada en cuento tradicional vasco, Patxi Errementaria.  Te recomiendo que veas la película.  Tiene todos los elementos de una buena historia de horror gótico, mezclados con una buena dosis de fantasía, conceptos del mundo medieval, tormentos infernales y toda una gama de demonios dispuestos a llevarse tu alma.  En la introducción de la película se habla del famoso pacto con el diablo y de cómo el infierno siempre gana, aunque intentes escabullirte y no cumplir con lo pactado.

Esta gama de demonios es extensa y no solo están presentes en el cristianismo, como te he venido mostrando en los post anteriores.  En esta ocasión me centraré en la tradición judía.  El Antiguo Testamento traducido del griego o Septuaginta (como se conoce a la Biblia griega usada por los judíos en el mundo antiguo) delimitó una zona geográfica terrestre para todo lo demoníaco: desde Oriente Medio, pasando por Babilonia (la sede central de las potencias infernales) y la región de Edom, al sur de Judea y del Mar Muerto.

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Errementari: el herrero y el diablo. Imagen tomada de hobbyconsolas.com

Tipología de los demonios según Rabi Shlomo Yitzjaki o Rashi

Hubo un erudito judío llamado Rashi que «está considerado como el más excelso comentarista de la Biblia y el Talmud, uno de los más grandes eruditos y legisladores en materia de ley judía así como un experto en lengua hebrea», según la Shalomhaverim.org.  Vivió en el medioevo en Francia, estableció una tipología para los demonios y esclareció un poco más qué son los shedim.

  1. Los Sedhim, con forma humana.
  2. Los Ruhin, demonios errantes, y
  3. Los Lilin, demonios con aspecto humano, pero provistos con alas.

Rashi asegura que una pareja de cada shedim se salvó del diluvio en el arca de Noé.

En su manifestación más colectiva, como son descritos en el artículo «Demonios en la Cábala», de pressreader.com, los demonios son designados como seirim —los peludos, parecidos a los sátiros—, o bien shedim —falsos dioses o ídolos—.  Bajo su forma personal se les invoca por sus nombres propios: Lilith, Asmodeo, Azazel y un largo etcétera.

En el Talmud se dice que los demonios son espíritus malvados que no poseen un cuerpo, pues fueron creados de manera incompleta.  La Cábala explica que estos demonios no pueden reproducirse y por este motivo buscan mujeres humanas para tener progenie: los banim shovavim o los hijos malvados.  También dice la Cábala que los shedim son demonios que engañan las mentes de los hombres y que habitan en lugares abandonados o destruidos.  Fueron creados el sexto día, antes de que entrara el Shabat, pero no se crearon sus cuerpos.  El objetivo de su creación fue generar sufrimiento y castigar a aquellos que se alejan del camino de la verdad.

En Mateo 12:24 hay una referencia a los demonios judíos (shedim) y al príncipe de los demonios (sar shedim), que algunos identifican con Satán y otros lo identifican con otro demonio que no es Satán.

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The Dragon (autor: Kipine). Imagen tomada de Deviantart.

Los Shedim según Alfred Edersheim

Hasta aquí es posible que los shedim te parezcan algo insulso pero te aseguro que no es así.  Alfred Edersheim en su libro Bíblico Histórico señala  con más detalles qué son los shedim e indica que tienen otro origen y también otro aspecto.

Según Edersheim, estos demonios pasan por un proceso de transformación en el curso de cuatro veces siete años: vampiros, cardos y espinos.  Como una especie de parábola de la caída del Hombre. Otra idea que plantea es que los shedim «brotan de la columna vertebral de aquellos que no se inclinan para adorar».

También explica que, aunque pueden tener forma humana pueden asumir cualquier otra forma.  Dependiendo de la manera en que sean conjurados, pueden aparecer con defectos.  «Pero era consolador saber que los Shedim no podían crear o producir nada; ni tenían poder sobre lo que había sido contado, medido, atado o sellado; podían ser vencidos por el Nombre inefable; y podían ser expulsados por medio del uso de ciertas fórmulas, que, cuando eran escritas y llevadas, servían de amuletos».

Su número es tan grande que es mejor no imaginarlo, pues los shedim se encuentran en muchas partes.  Pueden ordenarse por espíritus femeninos, gobernados por su reina Lilith, y espíritus masculinos, liderados por su rey Asmodeo.

Edersheim clasifica y ordena a estos demonios de otra forma:

  1. Espíritus perjudicadores: Ruchim y Mazziqin.
  2. Ángeles dañinos: Malakhey y Chabbalah.

Luego, los ordena en cuatro clases:

  1. Espíritus matutinos: Tsaphriré.
  2. Espíritus del mediodía: Tiharé.
  3. Espíritus de la tarde: Telané.
  4. Espíritus nocturnos: Lilin.

Te daré un dato interesante sobre el que volveré más adelante: Salomón tenía control sobre ellos, que hasta bailaban cuando lo mandaba.  ¿A que es flipante?

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Los Shedim según José F. Durán Velasco

El estudio realizado por Durán Velasco, en su libro Tratado de Demonología De Prometeo a Malak Tâwûs, de Ahrimán a Iblîs, es uno de los más completos que encontré en cuanto a la explicación de qué son los shedim.  Como recordarás, hago mención de esta obra en un post anterior.

Según Durán Velasco, el origen etimológico de la palabra shedim proviene del hebreo y significa «violentos» o «virulentos», debido a sus grandes poderes sobrenaturales y a su carácter hostil y peligroso para con los seres humanos.  También en la Cábala se les denomina duendes, demonios o espíritus.  Son entes invisibles, malignos e inteligentes.

Acerca del origen de los shedim, concuerda con la Cábala en que fueron creados incompletos: Dios no los terminó porque era el sexto día y todo trabajo se consideraba completado en día sábado.  ¡Menuda faena les hizo a estas criaturas que debían ser similares a los humanos!

Son pues Almas Desencarnadas, como las llama el Maestro de la Cábala Jazan Isaac, en el Centro de Estudios Ivra Kadisha, en los escritos de Ari Zal.  Otro término interesante es el de Hijos de la Najash o descendientes de serpientes como la que sale en el Génesis.  Y por último están los Zera Levatala, hijos de Adán y Eva por separado mientras estuvieron cada uno por su lado durante los 130 años de la transgresión.

A pesar de ser criaturas incompletas los shedim poseen características intermedias entre los ángeles y los seres humanos: con poderes superiores a los humanos pero inferiores en cuanto a dignidad en la creación.

Durán Velasco explica que el Talmud les otorga seis características a los shedim:

  1. Tienen alas.
  2. Pueden volar.
  3. Poseen conocimientos de realidades metafísicas.
  4. Comen y beben.
  5. Se reproducen y se multiplican.
  6. Mueren.

Debido a estas características generales se dice que tienen tres en común con los humanos (comer y beber, aparearse y procrear, y ser mortales) y otras tres con los ángeles (tener alas, volar por todas partes y saber el futuro).

Este conocimiento que poseen es porque vuelan y se enteran de las cosas que ocurren en el cielo.  Son unos chismosos de primera categoría, ya que husmean en los secretos celestiales: lo que Dios revela a sus ángeles sobre el futuro.

Los shedim son capaces de vivir en cualquier lugar del mundo gracias a su naturaleza y a su capacidad de desplazarse.  Pero no comen o beben como los humanos, sino que se alimentan del aroma de la comida y no de ella, y beben de la humedad de las bebidas.  «¡Qué aburridos!  ¿Pero estos shedim son en realidad demonios?  No parecen muy terribles», pensarás tú.  Más adelante te darás cuenta de cuán peligrosos pueden ser y de que no conviene estar cerca de ellos.

Maimónides, médico, rabino y teólogo judía de al-Ándalus, asegura que los shedim son imperceptibles por los humanos, pero que pueden ser percibidos en estados alterados de la conciencia.

Hay otras interpretaciones más modernas donde se ve a los shedim como criaturas de otras dimensiones del universo, capaces de contactar con los seres humanos, algo bastante infrecuente y peligroso.

shedim golem de piedra

Los Shedim según el Rabi Iehoshúa ben Ioséf de Natzrát

El blog del Rabi Iehoshúa ben Ioséf de Natzrát explica otra visión muy diferente de lo que te he venido contando hasta ahora acerca de qué son los shedim.  Y en mi humilde opinión es mucho más terrible, porque es el propio ser humano quien activa sus poderes.  Pero vamos con calma, que vienen curvas.

Este hombre dice que las religiones transfieren los conceptos hebreos a sus propias creencias.  Y pone varios ejemplos: la palabra «enviado» en hebreo toma la connotación de ángel en otras escrituras; en el ejército griego, un «evangelio» era un soldado que llevaba las buenas o las malas noticias; de igual modo, la palabra santo viene de la palabra «especial» en hebreo.  Como ves, las palabras y conceptos tomados del hebreo fueron desvirtuados según las creencias religiosas o mitológicas de cada lugar.  De esta manera, al alejarse de la verdadera realidad, son malinterpretadas de las definiciones dadas en hebreo.

Bien, te preguntarás qué tiene que ver todo esto con los shedim.  Sencillo: la palabra hebrea plural shedim proviene de «poder».  Shed significa «poder destructivo».  Y vas a encontrar esta definición en la Toráh, que son los cinco libros con las enseñanzas de Dios o YHVY (son las siglas del nombre en hebreo Yod Hei Vav Hei).  En la Toráh se explica que los shedim son poderes destructivos que se activan cuando el hombre actúa con malicia.  Por este motivo hay muchísimos shedim capaces de destruir la cordura del ser humano y enfermarlo.

Con esto puedes inferir que existe una ley de causa y efecto: si actúas mal, la consecuencia es la aparición de los shedim: se genera una gran destrucción de la persona y de todo lo que le rodea.  «¿Quiere decir que si se activan muchos shedim la Humanidad está en peligro y puede ser destruida?», te preguntarás.  La respuesta es sí.  Y cuando un shed se apodera de un ser humano, le roba la voluntad y la conciencia.  ¡No te asustes ni tampoco vayas a hablar con el maquinista del tren para que dé media vuelta!  Aún nos queda llegar hasta Asmodeo, demonio rey de los shedim.  El Tren de lo Paranormal es como el Orient Express: un tren de larga distancia, con todas las comodidades que quieras.  Nuestra última estación todavía está un poco lejos, así que te invito a que te des una vuelta por los vagones, a lo mejor te encuentras con alguien interesante.

Hasta aquí te he explicado lo más a fondo posible todo lo relacionado con los shedim, como un aperitivo para el próximo post dedicado a Asmodeo, demonio rey de los Shedim.

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Simpatía por el diablo (parte II): el pacto con el diablo y sus consecuencias

«De vez en cuando me gusta ver al Viejo y me guardo de indisponerme y romper con Él. Es muy generoso que un señor tan grande tenga la bondad de hablar incluso con el diablo».

Fausto. Goethe

Mientras escribo este post se me vienen a la cabeza montones de historias y de canciones relacionadas con el pacto con el diablo y sus consecuencias.  Y aunque te parezca increíble, hay una canción de Los Mojinos Escozíos que cuenta el pacto satánico que hace un chico para triunfar en el mundo de la música.  ¡Sí, como lo lees!  ¿Y sabes cómo se le presenta el diablo?  En forma de mánager musical que viene a tentarlo.  La letra de esta canción no tiene desperdicio.  La simpatía por el diablo que muchos músicos han sentido se debe a la sensación de libertad que produce la música; el lenguaje musical es mucho más antiguo que cualquier medio de comunicación y tiene una gran carga de ritualidad en las culturas ancestrales.

Luego me puse a pensar en la gran cantidad de músicos famosos y de cantantes que hicieron un supuesto pacto con el diablo: desde violinistas consagrados como Niccoló Paganini y Giuseppe Tartani, pasando por el abuelo del rock Robert Johnson hasta cantantes como Janis Joplin, Jimmy Hendricks, Kurt Kobain o Amy Winehouse, y grupos de black metal.

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Imagen del blog En Clave de Niños

La historia también está plagada de estos famosos «pactos fáusticos» realizados por hombres y mujeres que te helarían la sangre, como Gilles De Rais, un psicópata de la aristocracia de la Francia medieval, o la condesa sangrienta, Isabel Báthory, por citar algunos.

Si repasas un poco la literatura te darás cuenta de que muchos personajes han caído en la tentación de pactar con el diablo.  Y es aquí donde voy a centrar mi atención.  ¿Recuerdas que en el post Simpatía por el diablo (parte I): el diablo y sus nombres te dije que Mefistófeles merecía una atención especial?  ¡El pacto con el diablo más famoso de la literatura es el que hizo Fausto!

Prepárate para continuar tu viaje por el infierno.  No te preocupes si Mefistófeles intenta embaucarte.  Yo estaré aquí para evitar que contraigas una deuda eterna o que firmes cualquier contrato.  Porque existen varias maneras de realizar el pacto con el diablo y todas tienen consecuencias.

El mito fáustico: el pacto con el diablo más famoso de la literatura

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Imagen del blog El Hurgador (el arte en la red) ilustraciones de August von Kreling

Si te fijas bien, el tema fáustico ha sido tomado por diferentes autores a lo largo de la historia.  El tema en común en todos es cómo lograr el conocimiento a través de un pacto con el diablo.  Según el profesor Carlos Alberto Matheus López en su artículo «Del mito fáustico al liber Belial: el demonio en la literatura, el derecho y el arbitraje», para la revista Anamorphosis, el texto original se titula Volksbuchvom D. Johan Fausten, de autor anónimo, publicado en Frankfurt en 1587 y sienta las bases para la estructura que siguieron autores como Marlow, Von Chamiso, Cazotte, Goethe, Wilde, Lesing o Man.

Matheus López explica que la estructura gira sobre cinco elementos claves: «1º Caracterización de Fausto basada en la insatisfacción; 2º Pacto con el diablo; 3º Frutos del pacto, que se materializan en preguntas al diablo, viaje y aventuras, demostraciones de magia, satisfacciones sexuales; y 5º Muerte de Fausto, precedida de lamentaciones antes del momento final».

Pero son Marlow, Goethe y Man quienes ponen a Mefistófeles como el gran embaucador, incluso como un héroe que hace una apuesta con Dios para ver quién de los dos se lleva el alma de Fausto.

A Mefistófeles se le considera algo más que una mera representación del mal.  Él no ataca, así que no creas que su estilo es como el de la película El Exorcista.  Nada que ver.  Él es encantador, seductor, convence de forma atractiva y sutil para que actúes contra las leyes divinas.  Es un juego que le divierte.  Imagina que es un diplomático en toda regla: bien vestido y perfumado.  ¡Bingo!  ¿Recuerdas la película Pactar con el diablo?  Al Pacino estaba fantástico en el papel del diablo.

Ahora, me gustaría que reflexionaras en esto: ¿Y si Dios y el Diablo son colaboradores en el conjunto?  ¿Si ambos trabajan juntos para obtener lo que quieren?  Mircea Elíade habla de la coincidencia de los opuestos: Mefistófeles no atenta contra Dios sino contra los hombres, al luchar contra el bien, le favorece porque, en el caso de Fausto, al final, es redimido gracias a sus buenas acciones.  Por lo tanto, Mefistófeles es un colaborador de Dios.  La figura de este demonio atenta de manera más directa al hombre moderno que ya no cree en casi nada y que solo busca satisfacer sus deseos.

El pacto con el diablo y sus consecuencias en la literatura

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El tema del comercio con el alma se puede hacer de muchas maneras.  Mefistófeles es un negociador nato al que no le gusta perder y utiliza una manera muy especial de pactar, donde siempre intervienen dos factores importantes: el libre albedrío (o la autonomía de voluntad) y el pacto o contrato, que es lo más parecido a un negocio.  «A ver, esto me produce un poco de yuyu.  ¿Significa que Mefistófeles negocia con las almas como si fuera un abogado?», pensarás.  Así es.  No es un mal tipo, en serio, él solo hace su trabajo como mediador entre las fuerzas malignas y el pactante.  Los pactos tienen fecha de caducidad, aunque hay otros que son toda la vida.  Dependiendo de lo que quieras, claro.  Si por ejemplo, deseas mucha sabiduría y juventud eterna, pues la cosa se complica.  Nuestro querido Mefistófeles ansía tu alma inmortal y hará cualquier cosa para obtenerla, sin importar las consecuencias.

¿Cuáles son los motivos para pactar con el diablo?  Como bien te he explicado antes, el ansia por el conocimiento es el principal.  También hay pactos ligados a los pecados capitales: las bajas pasiones están unidas al deseo de la inmortalidad y de la juventud eterna.  Si no, ¿cómo crees que se pueden afrontar todas las pasiones vitales cuando la vejez amenaza con mermar con tus capacidades?

¿Qué clases de pactos existen?  Antes de meternos en este asunto, quiero explicarte que estos pactos fáusticos son contratos firmados con la sangre de quien pacta.  Y este negocio se realiza gracias al libre albedrío.  Es decir, que de manera voluntaria le entregas tu alma a Mefistófeles con la esperanza de ver cumplidos tus sueños.  ¡Un gran negocio!  Sobre todo, para él.

Matheus López dice que «Este pacto diabólico, en tanto acuerdo llevado cabo en ejercicio del libre albedrío, no es sino un contrato – con una específica forma ad solemnitatem – producto de la autonomía de voluntad, o, lo que es lo mismo, el pacto es equivalente a un contrato, y el libre albedrío a la autonomía de voluntad».  Y también añade que es posible que acuda a arbitraje para zanjar las controversias de estos pactos, para que se le conceda el derecho de tomar el cuerpo y el alma de los condenados en el juicio final.

Tipos de pactos en la literatura

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Según Manuel Romero Martínez, en su trabajo Análisis de los pactos con el demonio en la literatura universal, existen cuatro tipos de pactos.

1º El Pacto Directo: el pacto con el diablo que todos conocemos (Fausto).  El diablo convence al personaje de que le entregue su alma, a cambio de algo.

2º El Pacto Indirecto: cuando el personaje hace un pacto sin enterarse de que lo ha hecho.  «¡Menudo negocio!», pensarás tú.  Así le pasó al hermoso Dorian Grey.  Pactó con el diablo sin saberlo cuando deseó que su retrato fuera el que envejeciera, mientras él se mantenía joven para siempre.  Dorian sufre un cambio drástico de carácter en cuanto ocurre el pacto.

3º El Pacto Inverso: el diablo se pone de parte del personaje.  Aquí el personaje se puede salvar o hace que el diablo se asocie con él.  Como en el caso de El diablo cojuelo, de Luis Vélez de Guevara, por ejemplo.

4º El Pacto del Condenado: cuando el personaje que pacta está ya condenado por sus pecados e irá derecho al infierno.  El personaje no tiene nada que perder y hace una apuesta o se alía con él.  Como por ejemplo en Nunca apuestes tu cabeza al demonio, de Edgar Allan Poe o La cruz del diablo, de Bécquer.

Las consecuencias de pactar con el diablo son siempre las mismas: la pérdida del alma por haber ido en contra de las leyes que rigen el orden natural del hombre.  Como ves, a menos que ocurra un milagro, si pactas con el diablo irás derecho a uno de los anillos infernales de Dante.

Y este es el final de la segunda parte del post Simpatía por el diablo, dedicado en esta ocasión a la figura del diablo y el pacto en la literatura.  En la tercera entrega hablaré de qué son los shedim y en la cuarta, hablaré del rey de los shedim, un demonio poderoso que terminó siendo esclavo de Salomón.  ¡Te espero!

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