El Fonógrafo

Lejos han quedado ya aquellas tardes soleadas en el patio de la casa. Mi abuelo Salvatore se sentaba en su sillón favorito y en el fonógrafo sonaba Glenn Miller y su banda. Algunos se reían de sus extravagancias, pero yo lo admiraba, sobre todo cuando se ponía su uniforme de aviador y me relataba sus aventuras. La que más me emocionaba era aquella donde contaba cómo conoció a mi abuela Silvia.

Su avión fue bombardeado por los franceses y aterrizó sobre un granero que resultó ser de la familia de mi abuela. El pequeño pueblo italiano se conmocionó. Levizzano había pasado desapercibido para la guerra. Su castillo se alzaba imponente e imperturbable, en medio de la campiña. Y los viñedos se expandían sin temor ante las casas de piedra.

Salvatore salió del avión, escupiendo paja, y se topó con mi joven y atractiva abuela que le apuntaba con una escopeta. Se miraron por un breve instante y se encendió la chispa del amor. Mi abuelo se rindió ante sus encantadores ojos castaños. Pero ella no bajó el cañón de la escopeta. Continuó apuntándolo hasta meterlo bajo sus sábanas y hacerle el amor, mientras el fonógrafo reproducía una canción de Glenn Miller y su banda.

 Texto: Valeria Marcon Gamboa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s