Cuando éramos universitarios

Recorríamos los pasillos de la universidad como si nos fuéramos a comer el mundo.  Íbamos con los corazones inflamados, llenos de curiosidad por saber qué profesores serían los primeros en abrir nuestras mentes que acababan de salir de una licuadora (el bachillerato). 

En aquellos tiempos en que todo parecía idílico, caminábamos entre el ruido de los pasos que se dirigían presurosos a las aulas, dispuestos a demostrar que valíamos para estar allí y de que éramos capaces de enfrentarnos a la policía en los disturbios con piedras y bombas lacrimógenas.  Éramos lo que se llama “revoltosos” con causa justa. 

Acudíamos a las clases en medio de revueltas estudiantiles, escuchando los disparos y el bullicio, con los ojos llorosos por los gases.  Y estábamos orgullosos de pertenecer a la generación de los que luchaban, no sólo con los lapiceros, sino también con el puño y el grito.  A los estudiantes se nos respetaba porque representábamos una mentalidad nueva que iba a conseguir mucho más que buenas calificaciones.

Y mientras afuera batía la tormenta, nosotros afincábamos los codos en los pupitres o alzábamos los ojos cuando nos hablaban de Borges y su Laberinto, o de los cronopios de Cortázar.  A través de la ventana veíamos un sol que despuntaba hacia una mañana que sería enteramente nuestra. 

Lo que no imaginamos nunca fue que al salir de la magia del Aula Magna tras lanzar los birretes y entonar el himno de la Universidad, encontraríamos un vacío en el mundo real, donde no existía la deontología de la comunicación, ni la ética, ni la estética, ni nada parecido a lo que habíamos estudiado. 

Recuerdo aquellos días en que nos sentábamos a cantar bajos los árboles o en los pasillos y los ecos se expandían por todos los rincones.  Ahora, están mudos y las paredes lloran porque aquellos tiempos no volverán.  El presente universitario peligra, porque ya los estudiantes parecen no tener fuerza en la voz ni roca en el puño.  Pero sé que el espíritu no se ha perdido, pues de vez en cuando se alza un grito que habla de Libertad.  ¡Abajo cadenas!

Texto:  Valeria Marcon

Imágenes: 

http://www.soberania.org/Images/universidad_central_de_venezuela_1.jpg

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/25/Estudiantes_de_la_UCV_llegan_a_la_plza.JPG

http://ethosgeek.files.wordpress.com/2009/05/reloj-de-ucv-preview.jpg

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8 comments

  1. Hola Valery, me gustó mucho lo que vi aquí. En eso tienes razón, pero no en lo de los estudiantes que ya no tienen puño. Pero tienen sus manitos blancas de paz que quieren decir mucho. Porque antes, eso que cuentas de la policía y las bombas licrimógenas, que yo también lo viví aunque estudiaba de noche, eran los mismos que hoy están en el poder, uno de ellos (encapuchados de antes) es el Vicepresidente de nuestro amado país. Ojo no hablo los estudiantes como los que soportaban los desmanees de los encapuchados, sino de ellos propiamente dicho.

  2. Y aún ahora, siguen siendo encapuchados ellos mismos, uno de ellos, es el Ministro de Interior y Justicia, qué tal?? Lo fue de la ULA, porque ahora se meten en todas las universidades. Supiste que quemaron el piso 1 y 2 del Rectorado la U.C.V.?? Eso es el colmo, quieren acabar con la autonomía universitaria.

    1. Sí, ví un video donde se mostraban las imágenes de las instalaciones quemadas. Me parece terrible que permitan que eso ocurra. Se acabó la autonomía de la Central por lo visto. Y no hay quien detenga los actos vandálicos. De nada sirven las manos en alto, pintadas de blanco. Hay que asestar un puñetazo, para que no sigan cometiendo abusos contra nuestra libertad y nuestros derechos.

  3. Ésto no lo escribí yo, (quiero aclarar desde ya), y tampoco tengo la más remota idea de quien es el autor de estas hermosas palabras… Sólo se que ésto refleja el sentimiento de los más de 60 mil estudiantes que pertenecemos (y los muchos miles que han pertenecido y pertenecerán) a la UCV.

    Homenaje UCEVISTA

    Un Ucevista no es cualquier universitario, es aquel que ama su universidad sobre todas las cosas, es el que le molesta que ensucien su recinto de estudio o que le rayen sus paredes, es quien ha pasado toda una tarde recreándose dentro de la universidad o tirado en tierra de nadie hablando con los panas.

    Un Ucevista valora una persona por lo que es y no por lo que tiene. Dentro de la UCV no hay distingo de raza condición social, política o económica, pues a pesar de las diferencias priva el respeto entre nosotros.

    Un Ucevista asiste al comedor por 2 Bs. con su coca-cola de 2500 Bs. debajo del brazo, va a las risas azules y se ríe una y otra vez del cuatrimocho, va a los conciertos del día del estudiante universitario aunque sean un día lunes y recorre cada olla de panas conocidos y por conocer probando cada trago ofrecido.

    Un Ucevista, quizá, jamás pisa la biblioteca de su facultad hasta el día que le toca realizar la tesis xD.

    Un Ucevista se siente orgulloso de serlo aunque estudie ‘barrendología’, aprende de temas académicos dentro de los salones de clases y fuera de ellos aprende de la vida.

    Un Ucevista aunque sea una sola vez ha ido a cualquier antro aledaño a tomarse unas birras, a las parrilleras de ciencias a jugar dominó, a la parroquia después de la defensa de un pana o a la cervezada de alguna facultad… Sí!! los Ucevistas somos bochincheros desde que pisamos la universidad..!!

    Un Ucevista está tan identificado con su Alma Mater, que en donde sea que se esté, basta y sobra, que se consiga otro Ucevista en un cualquier grupo, para que sean los mejores amigos y comiencen hablar de sus anécdotas.

    Un Ucevista no pierde la oportunidad de gritarle: NUEEEEEEEEEEEVOOOOOOOOOOO!!! al primer pendejo que deje caer un cubierto en el comedor, pero aplaude cuando al voltear es un graduando con toga y birrete quien lo hace a manera de despedida; tampoco deja pasar el corear el famoso “Uh! Uh! UCV!!” en cualquier concierto, protesta o graduación.

    Un Ucevista sueña con llegar al aula magna con su toga y su birrete bien puesto en 5 años; cuando se está ahí no lo cree y siente una emoción insdescriptible: el guarapo se hace agua y el cuerpo se estremece entero.

    Un Ucevista es reconocido en el mundo entero como un profesional íntegro y capaz. Nuestra Universidad nos forma para eso.

    Los Ucevistas amamos tanto a nuestra universidad que aún después de graduarnos extrañamos hasta el “delicioso” arroz con pollo del comedor…

    Es que somos tan Ucevistas que jamás dejamos de serlo. Voy a finalizar este dramón escrito en honor a La Universidad Central de Venezuela y a todos los que pertenecemos a ella con una frase que me encanta aunque sea el slogan de quien sea:

    ¨UCEVISTA HOY… UCEVISTA SIEMPRE”

    Pd: Si alguien siente algo parecido por una universidad que no sea la UCV , respeto su sentimiento, pero estoy más que seguro que no hay estudiantes más orgullosos que nosotros y si no logra entender esto… es porque no es UCEVISTA’

    1. Muy bien dicho Iván. Leer esto me removió muchos recuerdos. Y es que tienes razón, los Ucevistas somos así y nos sentimos identificados con nuestras universidad dondequiera que vayamos. Gracias por tus palabras.

  4. Qué bello el comentario de Iván. Y es que eso es cierto, el ucevista siempre sentirá algo muy especial por la U.C.V. Además considero que en el país no hay otra universidad igual a la U.C.V. Todas son universidades, pero ninguna igual a nuestra U.C.V. Uh, Uh, U.C.V.

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